Arte y Cultura en circulación – ¿Dónde quedan los derechos de autor sin un consumidor?

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¿Dónde quedan los derechos de autor sin un consumidor? por Marjorie H Aliaga se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported.”>

Hablar de derechos de autor es un tema familiar para todos aquellos involucrados en la producción artística y quizá sea por ello que jamás nos hemos cuestionado en donde empieza y donde termina la propiedad intelectual, ni cómo es que esta nos afecta, tanto a productores, como a consumidores.

Sin embargo este tema no es nada nuevo, pues se encuentra en el mismo origen de la discusión que inició en el año 1710 con la llamada Primera ley del copyright o el Estatuto de la Reina Ana, la cual nace en pleno apogeo de la defensa de la libertad de empresa y de comercio. Es entonces que se nos hace imposible evitar la asociación de dos conceptos importantes: autoría y propiedad.[1]

Es decir, si yo soy autor de una obra original en donde se vuelcan mis conceptos  en un compendio único que muestra un determinado estilo lingüístico y/o estético, entonces ¿estoy en propiedad de los conceptos volcados en la misma? Y de ser así ¿hasta cuándo podré ejercer ese derecho de propiedad? Y finalmente ¿el interés por mantener esa propiedad es puramente económico?

Tal vez la sola idea de establecer vigencia a la propiedad intelectual sea considerada por muchos como sacrilegio, pues la propiedad intelectual es la panacea del concepto de propiedad que se encuentra en la base del capitalismo, pero en tiempos de globalización como los nuestros es justo y necesario plantearse la cuestión de los límites de la propiedad intelectual. Para hacerlo voy a recurrir al caso particular de mi país, bienvenidos al Perú.

Si vives en Lima y por esas cosas de la vida tienes un gusto muy particular en cuanto a cine, libros o música se refiere y estás buscando una película de culto, o un disco en versión remasterizada casi imposible de encontrar en el mercado, los peruanos tenemos acceso a lugares especializados en este tipo de especialidades en donde podrás encontrar tus tesoros a casi un tercio del precio del original. Los emporios de la piratería son bien conocidos por todos nosotros y es que, de otra manera, la excesiva recarga en los precios de los originales los vuelven inaccesibles al público que gusta de un tipo de arte con poca demanda en el mercado común. Por supuesto, que las implicaciones legales y morales siguen en vigencia, pero a falta de una autoridad que supervise este tipo de intercambios, la piratería se ha convertido en un negocio que mueve millones de soles al año, sin ningún tipo de obligación fiscal. Aquí, el tema de la propiedad intelectual sale a colación cuando nos ponemos en los zapatos del autor que ve disminuidos sus ingresos debido al boom de la piratería. En pocas palabras, una obra puede ser considerada un éxito sin precedentes y el autor no verá reflejado en sus ingresos dicho éxito.

Los autores más afectados no son los extranjeros que obviamente reciben las regalías de acuerdo a ley y quienes mayormente no están al tanto que en el Perú su obra genera ingresos, sino los artistas nacionales. Dedicarse al arte en mi país no es cosa fácil, el acceso a los círculos importantes es muy restringido y los temas de mayor preocupación para los artistas son el presupuesto y la piratería. Si bien ya es bastante difícil dedicarse a una actividad poco lucrativa y bastante costosa en sí; es aún peor ver cómo nuestra inversión se va por el caño y desvía las ganancias que son nuestras hacia bolsillos ajenos.

Debido a ello, muchos artistas peruanos han manifestado su rechazo absoluto hacia la piratería, como es el caso de Gianmarco: “Yo no grabo discos para regalarlos y para combatir la asquerosa piratería los pongo a un precio accesible. Ser músico es una carrera. Es un trabajo como cualquier otro y merece ser respetado. Detrás de un disco hay más de 50 personas que trabajan, y no trabajan gratis. ¿Tú trabajas gratis?”[2] Su postura deja en claro lo que muchos artistas como él piensan y lo que quizá no queda claro para muchos consumidores, pues dichas declaraciones que fueron publicadas en su cuenta de Facebook desataron una lluvia de críticas y algunas nada moderadas acerca de si la piratería era o no, una forma válida de consumo.

Otro caso típico de piratería es la de las películas y el cine independiente. Nuestra cartelera está plagada de las más variadas producciones norteamericanas, las cuales independientemente de su calidad cierran las puertas a producciones valiosas del cine europeo, latinoamericano  o nacional. De acuerdo a las leyes de oferta y demanda si una película no recauda una cierta cantidad de dinero en su primer fin de semana es retirada de cartelera sin pena ni gloria, lo cual perjudica a una audiencia reducida que reclama un poco de variedad en la misma. Los cinéfilos peruanos debemos esperar a los pocos festivales de cine internacionales que se llevan a cabo casi exclusivamente en Lima o pagar precios inflados para asistir a las salas de cine que presentan películas de festivales como Sundance, Cannes, entre otros. Ante tantas molestias, los cinéfilos optamos por la situación menos engorrosa: comprar piratería. Los lugares donde se puede comprar piratería son muchos y muy conocidos, tanto es así que hasta se promocionan públicamente en periódicos y revistas, como es el caso de este artículo que bajo el título de Pasaje 18, refugio para amantes del cine, se publicó en la web del diario La República  y en el cual se recomienda el lugar dando cuenta de su variedad: “Ubicado en Polvos Azules, este lugar [el llamado pasaje 18, por su ubicación] se ha convertido en punto de encuentro de cinéfilos y cineastas que buscan películas casi inubicables. Todo se lo deben a cuatro empeñosos vendedores que se mueven entre la cultura y la informalidad”. [3]

Es en este punto donde se plantea el eje de la discusión acerca de los derechos de autor. Pues si nos remitimos directamente a  la ley, la piratería es un delito y por consiguiente debe ser combatido y eliminado. Por otro lado sin la piratería, y con los abultados precios y el limitado acceso a la cultura los consumidores simplemente dejarían de comprar los productos a su beneficiario primordial. En consecuencia se limitaría el acceso de la obra en cuestión, su difusión y venta.  Es por ello que muchos artistas han decidido realizar una alianza con la piratería siguiendo el dicho popular Si no puedes contra ellos, úneteles. Ya que si bien es cierto, las regalías percibidas de manera ilegal no son disfrutadas por el autor, contribuyen de manera efectiva a la difusión y acceso de la obra a un público mucho mayor, que pasara a convertirse en consumidor fiel de la obra de dicho autor. Muchos autores peruanos trabajan en conjunto con los piratas, distribuyendo directamente con ellos su obra a precios reducidos para que la misma pueda ser vendida por ellos a sus clientes manteniendo la ventaja de la copia pirateada, pero con la calidad del original. Tal situación nos regresa a la cuestión original acerca de los límites de la propiedad intelectual ¿será posible establecer límites legales de vigencia a la propiedad intelectual? Sino ¿de qué otra manera se puede proteger a ambos, autores y consumidores en un medio que dificulta el acceso al producto?

Me encantaría escuchar sus comentarios…

Marjorie Hernández Aliaga

Creatizarte– creatividad para la vida diaria

2 comentarios en “Arte y Cultura en circulación – ¿Dónde quedan los derechos de autor sin un consumidor?

  1. Marjorie, tu post pone sobre la mesa el acceso a la cultura por medio de la piratería, sobre el cual vamos a hablar bastante en la clase 4. Si te interesa el tema, te recomiendo el fantástico libro “Piratería de medios en las economías emergentes”, que hace referencia a la cuestión de los precios como determinante del consumo de obras pirateadas. Se puede descargar acá: http://piracy.americanassembly.org/wp-content/uploads/2012/04/MPEE-ESP.pdf
    También es interesante el caso de los DJs y grupos que comienzan a ofrecer sus obras en los mercados informales. Como bien mencionás, hay casos en Perú, y conozco casos de Brasil y Colombia. En un viejo post de Ártica hablamos sobre eso: http://www.articaonline.com/2011/12/musica-pirata-distribucion-paralela-tecnobrega-champeta-y-fiesta-libre/
    Saludos!

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